Todos estamos llenos de recuerdos, algunos muy gratos y otros no. Hay recuerdos que nos evocan grandes cantidades de alegría y en contraste hay otros que inclusive hasta nos pueden llevar de la tristeza a la enfermedad.
Esos recuerdos han sido parte de nuestra vida, fueron vivencias que experimentamos y quedaron algunas almacenadas en las profundidades de nuestra mente, quizá enterradas y hasta olvidadas por el miedo y el sufrimiento que nos provocaron, pero hay que asumir que mientras no se sanen siguen “vivas” quizá creando recurrentemente estragos en nuestro cuerpo y en nuestro ánimo.
Hay ocasiones en que un olor, un color, un sabor, o una palabra nos evocan esos recuerdos y como si despertaran de un largo letargo se asoman a nuestra mente consciente atemorizándonos y entristeciéndonos de nuevo.
¿Qué podemos hacer? Pues enfrentarlos, abrirles la puerta, la vida nos está dando la oportunidad de RECORDAR PARA SANAR, ya es tu tiempo, quizá ya tienes los conocimientos, las herramientas necesarias, o los maestros que amorosamente te acompañarán para lograrlo.
No es fácil recordar la muerte de un ser querido, una traición, una infidelidad, una mentira, un abuso, etc., pero seguir sólo guardándolo ensuciará tu presente y turbará la manera en que vives tu vida, si el recuerdo ha aflorado, te recomiendo que lo sanes. ¿Dolerá? Sí, un poco, pero sólo es un recuerdo y ahora estás lista para descubrir la enseñanza de vida de esa experiencia, el para qué te sucedió y por supuesto en todo este recorrido trabajar el perdón a ti misma y a las personas involucradas en ese evento.
Con cariño
Marichu

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