La mayoría de nosotros en términos generales no queremos sentir el dolor, el dolor de crecer, de vivir, de amar, de lo que llamamos fracasar, el dolor del rechazo, del abandono, de la critica o la burla, etc., preferimos “no vivir”, aislarnos, evitar el contacto con los demás, guardarnos en nuestro “palacio” y poner tremendos “soldados” que cuiden nuestro supuesto bienestar.
Construimos una guarida emocional, mental y hasta espiritual en la que nos sentimos seguros, pero…..¿seguros de qué?, tarde que temprano se irán sintiendo esos vacíos que no pueden ser llenados con cosas materiales y superficiales, porque estamos diseñados para amar, para compartir y compartirnos, para aventurarnos, para experimentar la maravillosa gama de emociones que el creador nos dio, emociones que son transitorias y que si las elaboramos inteligentemente nos mostrarán otras ópticas de la vida y de cómo vivirla.
Curiosamente a veces el pasar de los años se convierte en una bendición porque empezamos a “ver” lo que no veíamos por nuestros miedos, nos damos cuenta que dejamos de vivir, de sentir, que dejamos ir muchas oportunidades, que por el miedo a ser vulnerables, preferimos la certeza de los “seguro” aunque fuera solo una fastidiosa rutina que nos atrapó en su telaraña de engaños superfluos.
Recapacita sobre la forma en que estás viviendo, no vivamos por vivir, vivamos para vivir con nosotros mismos y los demás, enfrentemos nuestros miedos y pongámosles un alto, vibremos en la frecuencia de la fe y la confianza y sigamos fluyendo en nuestro Plan Divino Perfecto.
Marichu