Sin duda alguna en el día a día va a haber discusiones entre los padres, algunas serán muy bien llevadas, otras tendrán diferentes matices desde gritos, llantos, reclamos, etc. y otras serán violentas quizá física y/o verbalmente.
Nuestros hijos estarán ahí observándonos, participando con un gran dolor y sintiéndose impotentes ante tal espectáculo que no resulta nada agradable ni favorable para ellos.
Empezarán a experimentar diferentes emociones, desde temor, miedo, rabia, impotencia, tristeza, hasta deseos de venganza y ganas de lastimar a alguno de sus padres que desde su punto de vista es el que ha creado ese “infierno”
Los padres estarán inmersos en su “lucha de poderes” pensando sólo en su conflicto y se olvidarán de que sus hijos de una u otra manera están participando en algo que no les corresponde y que les causará diversos daños a lo largo de su vida.
¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos protegerlos?
Lo ideal sería aprender en pareja a resolver INTELIGENTEMENTE los conflictos, pero la mayoría adolecemos de esos conocimientos y el egoísmo que nos caracteriza no nos permite PARAR para proteger a nuestros hijos.
Entonces nos queda otra alternativa en lo que como padres hacemos algo al respecto y corregimos esas formas inconvenientes de relacionarnos.
¿Cuál es esa otra alternativa?
El enseñarles a nuestros hijos a protegerse de nosotros, suena fuerte ¿verdad? pero si en verdad los amamos debemos hacerlo.
Imagínate a tu hijo sintiendo amor y odio por ti como padre cuando discuten y pelean y teniendo un tremendo miedo de que sus pilares se derrumben y con la gran incertidumbre de qué va a ser de sus vidas.
Entonces muéstrale el camino; dile algo como esto:
Hijo, cuando veas que mamá y yo estamos peleando, dinos que eso te lastima y te da miedo y que te vas a retirar a tu cuarto para no escucharnos . Así mismo, dale la confianza de que se van a arreglar y que solucionarán sus problemas.
Habrá otro tipo de casos muy especiales en donde quizá esto no funcione y valga decir que si es así amerita la ayuda de un especialista y a grados mayores poner a salvo al cónyuge afectado y por supuesto a los hijos.
Ojalá puedas participar con tu opinión
Marichu

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